lunes, 11 de mayo de 2009

abrir los ojos

y eso es lo qe en verdad da miedo, los cambios. Como un chico qe juega a las escondidas tapàndose los ojitos, creyendo qe asì no lo ven, uno a veces cierra los ojos como si asì fueran a desaparecer los problemas. Como si muerto el cartero, fueran a desaparecer las cartas fuleras. Uno se hace el perro qe tumbò la olla, como si el dolor qe siente no existiera. Uno detesta y ama a esa persona o a ese espejo qe te canta las cuarenta. Uno detesta y ama a qien abre tus ojos.
Por un lado, como qe se pierde la magia, pero por el otro... se sale del engaño. A veces lo qe tenemos qe ver es tan horrible, qe preferimos hacer la vista gorda y cerrar la tranqera, y vivir en una cajita de cristal. Y otras veces la burbuja se pincha, y no qeda otra qe abrir los ojos y mirar lo qe no queremos ver. El corazòn se nos estruja y nos qedamos sin aire, ahogados.
Duele abrir los ojos. Es como salir de la oscuridad, qe la luz te enceguece. Ojos qe no ven, corazòn qe no siente. Mejor mirar para otro lado, dicen. Meter la cabeza en la tierra como hace el avestruz. Pero para qe algo cambie hay qe romper la burbuja, hay qe salir de la cajita de cristal. Abrir los ojos y animarse a ver, aunqe lo qe haya para ver nos estruje el corazòn.

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